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El papel de un arquitecto de negocio en la empresa: convertir la estrategia en una realidad rentable

Asesoría
31 ago
12 min de lectura
director negocio

Muchas empresas saben hacia dónde quieren dirigirse, pero no siempre tienen claro cómo llegar hasta allí.


La dirección puede tener una visión ambiciosa: crecer, abrir nuevas líneas de actividad, mejorar la experiencia del cliente, incorporar tecnología, vender servicios más completos o expandirse hacia nuevos mercados. Sin embargo, entre esa visión y el trabajo cotidiano de los equipos suele existir una distancia considerable.


En ese espacio aparece la figura del arquitecto de negocio.


Su función principal consiste en conectar la estrategia definida por la dirección con la organización real de la empresa. Traduce los objetivos generales en procesos, capacidades, responsabilidades, recursos e indicadores que puedan ejecutarse.


Dicho de una manera más sencilla: se asegura de que lo que la empresa promete al mercado pueda cumplirse de forma realista, coordinada y rentable.


¿Qué es un arquitecto de negocio?


El arquitecto de negocio es el profesional que analiza cómo funciona una empresa en su conjunto y diseña la estructura necesaria para alcanzar sus objetivos.


No se ocupa únicamente de un departamento ni estudia los problemas de manera aislada. Observa las relaciones existentes entre:


  • La estrategia.

  • La propuesta de valor.

  • Los clientes.

  • Los productos y servicios.

  • Los procesos internos.

  • Las personas y sus responsabilidades.

  • La tecnología.

  • La información.

  • Los costes y la rentabilidad.

  • Los riesgos y obligaciones legales.


La arquitectura de negocio ha sido definida como el vínculo entre la estrategia y su ejecución. Su finalidad es proporcionar una visión común de la organización y una hoja de ruta que permita convertir los objetivos estratégicos en cambios concretos. Así la presenta, entre otras organizaciones especializadas, la Business Architecture Guild.

Por tanto, el arquitecto de negocio no se limita a decir qué debería hacer la empresa. Debe determinar qué tendrá que cambiar para poder hacerlo.


De la visión de la dirección al trabajo de los equipos


Una de las principales dificultades empresariales aparece cuando la dirección comunica un objetivo, pero los equipos no disponen de los medios, procesos o criterios necesarios para alcanzarlo.


La dirección puede decidir, por ejemplo:


“Queremos ofrecer una atención más personalizada y responder a todos los clientes en menos de 24 horas”.

El objetivo parece claro, pero inmediatamente surgen otras preguntas:


  • ¿Qué se entiende por responder?

  • ¿Quién será responsable de cada consulta?

  • ¿Qué canales se utilizarán?

  • ¿Cómo se clasificarán las solicitudes?

  • ¿Existe suficiente personal?

  • ¿Qué tareas deberán automatizarse?

  • ¿Cuánto costará cumplir ese compromiso?

  • ¿El precio actual del servicio permite asumirlo?

  • ¿Qué ocurrirá durante vacaciones o periodos de alta demanda?

  • ¿Cómo se medirá el cumplimiento?


El arquitecto de negocio convierte la declaración estratégica en un modelo operativo.


Su trabajo podría llevarle a establecer categorías de consultas, niveles de prioridad, responsables, plazos internos, herramientas de seguimiento y criterios para escalar los asuntos más complejos. También deberá calcular el coste del servicio y comprobar si la promesa es compatible con los precios y recursos disponibles.


La estrategia deja entonces de ser una intención y se convierte en una capacidad real de la organización.


Garantizar que la promesa comercial pueda cumplirse


Toda empresa formula, de manera expresa o implícita, una promesa al mercado.


Puede prometer rapidez, especialización, cercanía, personalización, precio, seguridad, innovación o una calidad superior. El problema aparece cuando el departamento comercial comunica una propuesta que la organización no está preparada para ejecutar.


Una empresa puede prometer atención personalizada mientras gestiona un volumen de clientes incompatible con ella. Puede comprometer una respuesta en 24 horas sin disponer de un sistema para controlar las solicitudes. También puede ofrecer un servicio integral cuando sus departamentos trabajan de manera desconectada.


Cuando esto sucede, la promesa comercial se convierte en una fuente de:


  • Sobrecarga para los equipos.

  • Retrasos.

  • Errores.

  • Conflictos con clientes.

  • Pérdida de margen.

  • Excepciones improvisadas.

  • Dependencia excesiva de determinadas personas.

  • Deterioro de la reputación.


El arquitecto de negocio comprueba la coherencia entre lo que se vende y lo que realmente puede entregarse.


No pretende limitar la ambición comercial. Su propósito es determinar qué capacidades debe desarrollar la empresa para sostenerla.


Diseñar la empresa que necesita la estrategia


La arquitectura de negocio parte de una idea fundamental: cada estrategia exige una organización adecuada para ejecutarla.


No requiere la misma estructura una empresa que compite por precio que otra que pretende diferenciarse mediante asesoramiento especializado. No es lo mismo la estructura propia de una asesoría fiscal que la de un supermercado o una tienda de electrodomésticos.. Tampoco puede organizarse de igual forma un negocio basado en servicios estandarizados que otro centrado en soluciones personalizadas.


Si la empresa opta por competir mediante calidad y especialización, probablemente necesitará:


  • Profesionales con mayor experiencia.

  • Criterios claros para seleccionar clientes.

  • Menor volumen de expedientes por trabajador.

  • Procesos de revisión.

  • Sistemas para conservar y compartir conocimiento.

  • Mayor participación de perfiles sénior.

  • Precios coherentes con el nivel de servicio.

  • Canales adecuados para gestionar las consultas.

  • Indicadores que midan calidad y no solo cantidad.


El arquitecto de negocio analiza si las capacidades actuales son compatibles con esa estrategia. Si no lo son, diseña la transición entre la empresa existente y la empresa que se necesita.


¿Qué analiza un arquitecto de negocio?


Su análisis suele comprender varios elementos.


1. La propuesta de valor


Debe comprender qué promete la empresa, a qué clientes se dirige y por qué deberían elegirla frente a otras alternativas.


Una propuesta de valor demasiado amplia suele generar procesos difíciles de estandarizar y costes que no siempre se trasladan al precio.


2. Las capacidades empresariales


Las capacidades representan aquello que la organización debe saber hacer bien para ejecutar su estrategia.


Por ejemplo:


  • Captar y seleccionar clientes.

  • Elaborar propuestas comerciales.

  • Prestar el servicio.

  • Gestionar incidencias.

  • Controlar la calidad.

  • Facturar y cobrar.

  • Analizar la rentabilidad.

  • Gestionar conocimiento.

  • Cumplir obligaciones normativas.


El arquitecto identifica cuáles son críticas, cuáles funcionan correctamente y cuáles deben desarrollarse.


3. Los procesos


Estudia cómo fluye el trabajo desde que aparece una necesidad hasta que se entrega el resultado.


No se limita a documentar los procedimientos actuales. También detecta duplicidades, interrupciones, tareas manuales, controles innecesarios y puntos en los que nadie tiene una responsabilidad claramente definida.


4. La organización y las responsabilidades


Muchas ineficiencias no proceden de la falta de esfuerzo, sino de la indefinición.


Cuando varias personas creen que una tarea corresponde a otra, el trabajo se retrasa. Cuando todos pueden tomar una decisión, nadie termina siendo responsable. Y cuando una única persona concentra todo el conocimiento, la empresa depende excesivamente de ella.


El arquitecto ayuda a definir quién decide, quién ejecuta, quién revisa y quién debe estar informado.


5. La información


También analiza qué información necesita cada persona para realizar su trabajo y dónde se encuentra.


Puede detectar que los datos están dispersos entre correos electrónicos, hojas de cálculo, aplicaciones, documentos y conocimiento no escrito de algunos trabajadores.


6. La tecnología


La tecnología debe apoyar el modelo de negocio, no sustituir su diseño.


Antes de implantar un nuevo programa, el arquitecto analiza qué problema pretende resolverse, qué proceso debe seguirse y qué información será necesaria. Automatizar un procedimiento mal diseñado solo permite ejecutar sus errores con mayor rapidez.


7. La rentabilidad


Toda decisión estratégica debe traducirse a números.


El arquitecto de negocio estudia si el modelo permite recuperar:


  • El coste de las personas.

  • El tiempo de dirección.

  • La inversión tecnológica.

  • Los costes comerciales.

  • Las obligaciones administrativas.

  • Los riesgos asumidos.

  • Las incidencias y trabajos extraordinarios.


Una empresa puede crecer en facturación y, al mismo tiempo, destruir rentabilidad si cada nuevo cliente exige más trabajo del previsto.


El arquitecto de negocio no diseña organigramas: diseña capacidades


Un error habitual consiste en pensar que reorganizar una empresa significa cambiar el organigrama.


El organigrama muestra puestos y relaciones jerárquicas, pero no explica necesariamente cómo se genera valor para el cliente.


El arquitecto de negocio trabaja primero sobre las capacidades y los procesos. Después analiza qué estructura organizativa puede sostenerlos.


Por ejemplo, si una empresa quiere mejorar la incorporación de nuevos clientes, no basta con decidir si esa función corresponde al departamento comercial o al administrativo. Será necesario determinar:


  • Qué información debe solicitarse.

  • Quién evalúa la viabilidad del cliente.

  • Cómo se prepara la propuesta.

  • Quién aprueba las condiciones económicas.

  • Qué documentación debe firmarse.

  • Cómo se transmite el expediente al equipo técnico.

  • Cuándo comienza la prestación.

  • Cómo se comprueba que el servicio contratado coincide con lo facturado.


La solución puede afectar a varios departamentos. Por eso es necesario observar el recorrido completo y no optimizar cada área de manera independiente.


La diferencia entre un arquitecto de negocio y un consultor


Ambas figuras pueden coincidir, pero no son exactamente iguales.


Un consultor suele intervenir para analizar y resolver un problema determinado: mejorar las ventas, reorganizar costes, implantar una herramienta o revisar un proceso.


El arquitecto de negocio mantiene una visión transversal. Analiza cómo una decisión adoptada en un área afecta al resto de la empresa y si resulta coherente con la estrategia general.


Por ejemplo, reducir el tiempo dedicado a cada cliente puede mejorar aparentemente la productividad. Pero si la propuesta de valor se basa en una atención personalizada, esa medida podría perjudicar la diferenciación comercial y aumentar las reclamaciones.


El arquitecto no evalúa únicamente si una mejora funciona de manera aislada. Comprueba si encaja en el conjunto.


¿En qué se diferencia de un director de operaciones?


El director de operaciones gestiona el funcionamiento cotidiano de la empresa. Su responsabilidad suele consistir en asegurar que las actividades se desarrollen correctamente con los recursos disponibles.


El arquitecto de negocio analiza si ese modelo operativo es el adecuado para la estrategia futura.


Podríamos resumir la diferencia de la siguiente manera:


Figura

Pregunta principal

Dirección general

¿Hacia dónde debe dirigirse la empresa?

Arquitecto de negocio

¿Qué empresa necesitamos para llegar allí?

Director de operaciones

¿Cómo hacemos funcionar correctamente esa empresa?

Gestor de proyectos

¿Cómo ejecutamos este cambio concreto?

Responsable tecnológico

¿Qué sistemas deben apoyar el modelo?


En pequeñas y medianas empresas, estas funciones pueden ser desempeñadas parcialmente por una misma persona. Lo importante no es tanto la denominación del puesto como que exista alguien responsable de conectar las decisiones estratégicas con la realidad operativa.


Tampoco es un arquitecto tecnológico


La expresión “arquitecto de negocio” puede confundirse con la arquitectura tecnológica o de sistemas.


El arquitecto tecnológico diseña cómo deben relacionarse las aplicaciones, los datos y la infraestructura informática. El arquitecto de negocio comienza antes: define qué debe ser capaz de hacer la empresa y cómo debe generar valor.


Posteriormente, ambas perspectivas deben coordinarse.


Marcos de arquitectura empresarial como TOGAF, desarrollado por The Open Group, distinguen precisamente entre la arquitectura de negocio y otros ámbitos como los datos, las aplicaciones y la tecnología.


Un ejemplo: crecer sin perder calidad


Imaginemos una empresa de servicios profesionales que quiere duplicar su facturación en tres años sin renunciar a una atención especializada.


La dirección podría plantear simplemente la contratación de más profesionales y una mayor inversión comercial. Sin embargo, el arquitecto de negocio analizaría antes:


  • Qué tipo de clientes resultan rentables.

  • Qué servicios pueden estandarizarse.

  • Qué asuntos requieren intervención sénior.

  • Cuántos clientes puede atender cada equipo.

  • Qué tareas pueden automatizarse.

  • Qué conocimiento debe documentarse.

  • Cómo se controlará la calidad.

  • Qué herramientas serán necesarias.

  • Qué precios permiten sostener el modelo.

  • Qué funciones no deberían depender del fundador.


El resultado podría ser una hoja de ruta que combinase selección de clientes, revisión de tarifas, segmentación de servicios, automatización, formación, contratación y delegación progresiva.


El crecimiento dejaría de depender únicamente de trabajar más horas.


Otro ejemplo: lanzar un nuevo servicio


Supongamos que una empresa quiere ofrecer un nuevo servicio de consultoría estratégica.


Antes de comercializarlo, el arquitecto debería comprobar:


  • Qué necesidad concreta resuelve.

  • A qué clientes se ofrecerá.

  • Qué entregables comprende.

  • Quién puede prestarlo.

  • Cuántas horas requiere.

  • Qué información debe aportar el cliente.

  • Qué parte puede estandarizarse.

  • Cómo se coordina con los servicios existentes.

  • Qué riesgos contractuales presenta.

  • Cómo se calculará el precio.

  • Cómo se medirá su rentabilidad.


Sin este análisis, es posible lanzar un servicio atractivo comercialmente, pero difícil de prestar, imposible de delegar o insuficientemente remunerado.


Señales de que una empresa necesita arquitectura de negocio


La necesidad suele aparecer cuando la empresa ha crecido más rápido que su organización.


Algunas señales frecuentes son:


  • La dirección tiene muchos proyectos, pero pocos llegan a implantarse.


  • Cada departamento interpreta de manera diferente las prioridades.


  • Los servicios vendidos no siempre coinciden con los realmente prestados.


  • Los equipos trabajan permanentemente con urgencias.


  • Los procesos dependen de personas concretas.


  • Se adquieren herramientas tecnológicas que después apenas se utilizan.


  • La facturación crece, pero la rentabilidad no mejora.


  • Existen clientes o servicios cuyo coste real se desconoce.


  • Se duplican tareas entre departamentos.


  • Nadie tiene una visión completa del recorrido del cliente.


  • Las decisiones estratégicas no se traducen en responsables y plazos.


  • El fundador continúa interviniendo en casi todas las decisiones.


  • La empresa quiere crecer, pero teme perder calidad o control.


  • Se anuncian nuevos servicios antes de diseñar cómo se prestarán.


Cuando concurren varias de estas circunstancias, el problema posiblemente no esté en la falta de esfuerzo de los equipos, sino en la arquitectura de la organización.


¿Debe formar parte de la plantilla?


No necesariamente.


En una gran organización puede existir un puesto específico o incluso un departamento de arquitectura de negocio. En una pyme, la función puede ser asumida por:


  • La dirección general.

  • Un director de estrategia u operaciones.

  • Un profesional sénior con visión transversal.

  • Un asesor externo.

  • Un equipo temporal constituido para una transformación concreta.


La intervención externa puede aportar independencia y método, pero necesita la participación activa de la dirección y de los equipos. Nadie puede diseñar correctamente una empresa sin comprender cómo trabaja realmente.


La arquitectura de negocio tampoco debería convertirse en un ejercicio teórico que produzca diagramas, informes y procedimientos alejados de la realidad. Su valor aparece cuando las decisiones se traducen en cambios ejecutables.


Una metodología práctica para pequeñas y medianas empresas


La arquitectura de negocio puede aplicarse sin construir modelos excesivamente complejos. Una metodología sencilla podría dividirse en siete fases.


1. Definir la ambición


La dirección debe expresar qué quiere conseguir, para qué clientes y en qué plazo.


No basta con decir “queremos crecer”. Es necesario concretar qué tipo de crecimiento se busca y qué elementos no deben sacrificarse para alcanzarlo.


2. Comprender la situación actual


Se analizan los servicios, clientes, procesos, equipos, herramientas, costes, dependencias y principales dificultades.


3. Identificar capacidades críticas


Se determina qué debe saber hacer especialmente bien la empresa para cumplir su estrategia.


4. Detectar las diferencias


Se compara la organización actual con la necesaria. Así se descubren las capacidades inexistentes, insuficientes o excesivamente dependientes de determinadas personas.


5. Diseñar el modelo futuro


Se definen procesos, responsabilidades, información, tecnología, controles e indicadores.


6. Elaborar una hoja de ruta


No todos los cambios pueden ejecutarse a la vez. Deben priorizarse atendiendo a su impacto, coste, dificultad y dependencia respecto de otras iniciativas.


7. Medir y ajustar


La arquitectura no es definitiva. Debe revisarse conforme cambian el mercado, la estrategia y las capacidades de la empresa.


La rentabilidad como prueba de realidad


Una de las contribuciones más importantes del arquitecto de negocio es evitar que la estrategia quede desconectada de la economía de la empresa.


Toda promesa tiene un coste.


La atención inmediata requiere disponibilidad. La personalización exige tiempo y conocimiento. La especialización necesita profesionales cualificados. La seguridad implica controles. La rapidez puede requerir capacidad no utilizada en determinados momentos.


Por eso, antes de asumir una promesa comercial, deben contestarse tres preguntas:


  1. ¿Podemos cumplirla de manera consistente?

  2. ¿Podemos cumplirla sin sobrecargar a los equipos?

  3. ¿El precio permite prestarla de forma rentable?


Si alguna respuesta es negativa, habrá que modificar la organización, el alcance del servicio, el precio o la propia promesa.


El arquitecto de negocio también sabe decir “todavía no”


La dirección empresarial suele estar orientada hacia las oportunidades. Esa capacidad resulta imprescindible, pero puede provocar que se inicien más proyectos de los que la organización puede asumir.


El arquitecto de negocio no debe convertirse en una barrera para la innovación. Su función es establecer el orden correcto.


Quizá una iniciativa sea acertada, pero antes sea necesario:


  • Contratar determinado perfil.

  • Corregir un proceso.

  • Implantar un sistema de información.

  • Documentar conocimiento.

  • Revisar precios.

  • Liberar capacidad.

  • Finalizar otro proyecto prioritario.


Decir “todavía no” puede ser una forma de proteger una buena idea para que no fracase por ejecutarse antes de tiempo.


Conclusión: diseñar la empresa antes de exigirle resultados


Muchas organizaciones intentan ejecutar una nueva estrategia utilizando la misma estructura, los mismos procesos y los mismos recursos que tenían antes de formularla.


Después se sorprenden cuando los equipos no alcanzan los objetivos.


El arquitecto de negocio cubre el espacio existente entre la intención de la dirección y la capacidad real de la empresa. Comprueba qué debe modificarse para que la estrategia pueda ejecutarse sin depender permanentemente de improvisaciones o esfuerzos extraordinarios.


Su cometido no consiste en añadir burocracia, sino en aportar coherencia.


Conecta lo que la empresa quiere ser con:


  • Lo que debe saber hacer.

  • Las personas que necesita.

  • Los procesos que debe seguir.

  • La tecnología que debe utilizar.

  • Los riesgos que debe controlar.

  • Los precios que debe cobrar.

  • Los resultados que debe medir.


En definitiva, un arquitecto de negocio convierte la visión empresarial en una organización capaz de cumplirla de forma repetible, sostenible y rentable.


Preguntas frecuentes sobre el arquitecto de negocio


1. ¿El arquitecto de negocio es un puesto o una función?


Puede ser ambas cosas. En grandes empresas suele existir como puesto especializado.


En una pyme puede ser una función asumida por la dirección, un responsable sénior o un asesor externo.


2. ¿Solo resulta útil en empresas grandes?


No. Las pymes suelen necesitarlo cuando crecen, diversifican sus servicios, incorporan tecnología o empiezan a sufrir problemas de coordinación. La metodología debe adaptarse a su tamaño y evitar una complejidad innecesaria.


3. ¿Puede intervenir antes de lanzar un nuevo servicio?


Sí. De hecho, ese es uno de los mejores momentos para hacerlo. Permite definir el alcance, los procesos, los responsables, los recursos, los riesgos, el precio y los indicadores antes de asumir compromisos con los clientes.


4. ¿Es responsable de ejecutar todos los cambios?


No necesariamente. Diseña el modelo y la hoja de ruta, pero la ejecución suele corresponder a los responsables de cada área y a los gestores de los proyectos. También puede participar en el seguimiento y revisar que los cambios mantengan la coherencia prevista.


5. ¿Sustituye al director de operaciones?


No. El arquitecto diseña cómo debería funcionar la empresa para alcanzar la estrategia, mientras que el director de operaciones gestiona y mejora su funcionamiento cotidiano. Ambas funciones deben coordinarse.


6. ¿Decide qué programas informáticos debe comprar la empresa?


Participa en la decisión definiendo qué capacidades, procesos e información debe soportar la tecnología. La selección e implantación técnica corresponderá normalmente a los especialistas tecnológicos.


7. ¿Cómo ayuda a mejorar la rentabilidad?


Permite identificar servicios deficitarios, duplicidades, tareas que no aportan valor, procesos excesivamente manuales y promesas comerciales cuyo coste no está incorporado al precio.


8. ¿Puede ayudar a reducir la dependencia del fundador?


Sí. Documenta decisiones, distribuye responsabilidades, estructura procesos y facilita que el conocimiento deje de estar concentrado en una sola persona.


9. ¿Qué resultado concreto debería entregar?


Dependiendo del proyecto, puede elaborar un diagnóstico del modelo actual, un mapa de capacidades, un diseño de procesos y responsabilidades, un modelo operativo futuro y una hoja de ruta priorizada con indicadores.


10. ¿Cómo se sabe si su intervención ha funcionado?


Debe comprobarse mediante resultados medibles: reducción de errores y tiempos, mayor cumplimiento de compromisos, mejora del margen, menor dependencia de personas concretas, mejor coordinación y mayor capacidad para ejecutar la estrategia.

 
 
 

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